"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca." José Hierro.



sábado, 19 de marzo de 2011

MOMENTOS ESTELARES

El otro día, casi de paso, escuché al filósofo y académico Emilio Lledó afirmar con esa humildad propia de los sabios, que si algo somos es memoria. Memoria de los hechos sociales vividos, pero también memoria autobiográfica como la suma de momentos que se encadenan bañados de razón y de sentimiento a lo largo del tiempo.  Sin memoria no somos nada, pero en ella entra todo. Desde episodios  en apariencia banales hasta aquellos que nos hicieron sufrir y quedaron para siempre marcados. Felizmente, quizás por un misterioso acto de justicia que nos hace la vida más soportable, los instantes de dicha también dejan una profunda huella en nuestra memoria. Recordar es traer al presente algo que ya ha sucedido. Re-vivir es volver a vivir, tanto mejor si de una dicha se trata. Ejercicio muy recomendable que unas veces nos alivia y otras nos hace re-disfrutar. En evocar un episodio de esta clase, emplearé el resto de la entrada.
A estas alturas, no es ningún secreto mi amor por la música en general y por la Ópera y la Clásica en particular. Una mera cuestión de gustos, variable con el tiempo.
Recuerdo, tendría unos 20 años, cómo por primera vez oí de verdad una composición clásica: a solas con unos buenos cascos y un ambiente inmejorable. Era Haydn quien sonaba. Y lo que sentí entra en el terreno de lo inefable.  Algunos dirán que la música nos puede llevar a estados alterados de conciencia. Otros, que se detuvo el tiempo o algo parecido. Sólo diré,  que ya será bastante, que ese estado me duró varias horas y me acompañaba ahí adonde fuese. Todo era lo mismo, pero nada era lo mismo. El verde de los árboles era de un verde Vida y la sensación subjetiva del tiempo ralentizada, como un instante interminable. No sin asombro, sentía que yo pertenecía a todo y que todo me pertenecía.
Decía Haydn a sus más allegados, que deseaba componer una pieza musical que a la vez que fuese eterna, lo lanzara a la fama. Y con esta obra a fe que lo consiguió. Es un Oratorio con claras influencias haendelianas  y una auténtica obra de arte. Belleza en estado puro para ser oída y disfrutada.