Escribir, como tal, es una de las cosas más sencillas del mundo. Pero hacerlo bien y con estilo propio, una verdadera rareza. Y si además conseguimos atrapar al lector en ese mundo ficticio, entonces estamos ante una auténtica hazaña. Logro sólo al alcance de unos pocos privilegiados como García Márquez, Borges, Dostoievsky, Chéjov o Vargas Llosa. Sin olvidar a otros tantos como Cortázar y algunos que seguro rondan ahora por vuestras cabezas. Autores cuyas obras, son un verdadero homenaje a lo mejor que tiene el ser humano: su capacidad creativa y su innato sentido de la curiosidad.
Pienso que mantenernos emocional e intelectualmente en alerta creativa, debería ser una constante en nuestras vidas. Y se mira creativamente cuando aprendemos a de-construir nuestra habitual forma de ver las cosas. Estoy recordando a Neruda describiendo una simple alcachofa como un guerrero de una manera magistral. O a Cortázar deleitándonos con su particular mirada de cómo se suben unas escaleras o se coloca uno un jersey. De lo aparente simple y harto repetido, de repente surge algo nuevo y a la vez bello que nos gusta y sorprende. Así ocurre cuando se mira distinto. Cuando la mirada es llevada en volandas por eso que llamamos imaginación. E imaginación, no es otra cosa que ver de otra manera.
Tanto si se trata de escribir, de pintar o de componer una obra musical, lo que es evidente es que estamos ante un acto creativo. Y la satisfacción que produce, un verdadero regalo para el espíritu.
Hace algún tiempo, viví con intensidad inusitada una experiencia de este tipo. Durante cerca de dos años, dejé que el mundo de la escritura me absorbiera y de qué manera. Me decanté más por el cuento que por la novela, no sé muy bien por qué. Pero de lo que sí estoy seguro es que fue una de las etapas más satisfactorias de mi vida. En cierto modo, podría decirse que aprendí a mirar de otra manera.
Hace unos años que no escribo nada. Pero tampoco dudo que volveré a hacerlo en el momento más insospechado. Y mi mayor logro ha sido aplicar esa nueva forma de mirar las cosas, a mi propia vida. Todavía ando en ello y creo que es una labor que acaba en el mismo instante en que acaba la misma vida.
El siguiente relato que viene a continuación, tómese como una muestra de ese período creativo del que os he hablado. Sin más pretensión que la de un diletante en esto del arte de escribir. Con que os entretenga un rato, me doy por satisfecho.
Algunos aldeanos dicen que no es más que una leyenda. Otros, la mayoría, que la historia es verídica. Ya saben, hablo de ese tipo de sucesos en los que la humilde gente de un pueblo difícilmente se pone de acuerdo. Así que será mejor que juzguen por ustedes mismos. Yo, todavía, no salgo de mi asombro.
Los supuestos hechos comienzan, allá por el año 1852, con el infausto nacimiento de un niño al que pusieron de nombre, Fortunato. Las desgracias del neonato empezaron justo ahí. La madre, quebrada por el dolor, murió en el parto. El padre, como era de prever, quedó desolado. Tanto, que a los dos días falleció de pena.
El pueblo entero acudió al entierro con franco desconsuelo, pero nadie quiso hacerse cargo del niño. Sin embargo, todos, sin excepción, fueron a verlo. La casa del huérfano se convirtió en un lugar de peregrinaje, donde hombres y mujeres contemplaban apenados al desdichado bebé. Hasta que uno de los vecinos creyó ver en él algo diabólico.
La subjetiva valoración corrió por el pueblo de boca en boca y a las dos horas ya se daba por cierto que era el mismo demonio. Unos advertían lo extraño que resultaba ese mechón de pelo en el cogote. Otros, alertaban sobre su gran tamaño. También hubo quien notó en el niño una leve deformación en sus pies, que le parecieron pezuñas. Incluso el párroco del pueblo llegó a ver en el infortunado, dos insinuantes protuberancias encima de su desproporcionada cabeza. Y para abundar aún más en sus apreciaciones, muchos afirmaban que el pequeño Satanás había dado muerte a sus propios padres. Pero hubo un detalle que acabó por convencer a todos de su maléfica procedencia.
Como ya se ha dicho, ni uno solo de los vecinos quiso adoptar a Fortunato. Menos ahora, descubierto su maligno origen. Decidieron entonces, criarlo en su casa, arbitrando turnos para su cuidado. En uno de esos turnos, la vieja Rosalía se percató de que el niño no dormía. Diez horas estuvo junto a él, observándolo, y nunca se durmió. Al día siguiente, comentó el hecho, sin duda extraordinario, con las cuidadoras que le precedieron. Ninguna recordaba haber visto dormido a Fortunato. Esa noche, todas velaron el sueño del bebé, que nunca se produjo. Y así, cuatro noches seguidas en las que tampoco durmió. Cuando se supo esto, hasta el más incrédulo de los vecinos, si todavía quedaba uno, concluyó que lo que había en aquella casa, no podía ser otra cosa que un hijo del demonio.
Los días fueron pasando, hasta que Fortunato cumplió dos meses. Pero el pueblo andaba soliviantado. Una gran parte de sus habitantes abogaba por llevar el niño a la capital y dejarlo en una inclusa. Y alguno con métodos más expeditivos, propuso ahogarlo en el río. Hubo otro que aconsejó quemar la casa con el hijo de Belcebú dentro y vigilar el perímetro de la cabaña para evitar su posible fuga. La lógica y el espíritu cristiano de los aldeanos, apuntaron a la primera como la más seria de las opciones. Un grupo reducido de vecinos acudió al párroco con su propuesta. Éste la consideró acertada y pidió voluntarios para tan heroica gesta. Nadie de los allí presentes se ofreció. Y el cura, antes de que alguien lo comprometiese, alegó tener obligaciones de ineludible cumplimiento. Se acordó entregar una buena suma de dinero a quien se atreviera con el traslado del pequeño Fortunato. Nada consiguieron. Un mes después, el niño seguía en su casa, en su cuna, devorando con sus grandes ojos negros la luz del día y los oscuros matices de la noche.
Hasta que una tarde, aconteció algo inesperadamente insólito. Atónitos, los lugareños pudieron contemplar cómo desde el sur, una gigantesca mancha de color negro se acercaba hacia el poblado. Surcaba el cielo y espesa, ocultaba el sol. Cuando se detuvo encima del pueblo, el temor se apoderó de sus habitantes. Miles y miles de cuervos revoloteaban y chillaban con ruido ensordecedor. Se repartieron en bandadas y precipitándose sobre los campos, arrasaron cosechas, árboles y cuanto encontraron a su paso. Todos observaron aterrados el pérfido festín. Los cuervos se reagruparon y dirigiéndose al este, ralentizaron su vuelo justo encima de la cabaña de Fortunato. Descendieron con suavidad y escasos segundos después, la cubrieron en su totalidad con el azabache de sus cuerpos.
La gente se arremolinó en la plaza, espantada y en tumulto. Se oían maldiciones, gritos de guerra, abracadabrantes sortilegios. El párroco, encaramado en un banco, exhortó a sus fieles con un discurso improvisado, pero inequívoco. Los hombres corrieron a sus casas y regresaron armados. Pronto se formaron cuerpos de combate. Las tres primeras líneas las ocuparon aquellos que portaban armas de fuego. Las cuatro siguientes, intrépidos aldeanos provistos de hoces, palos y rastrillos. Y detrás de éstos, los que llevaban sólo piedras.
El cura pasó revista y situándose a la cabeza, ordenó a la tropa ponerse en marcha. En dos minutos llegaron al final del pueblo. Desde ahí, divisaron como a unos doscientos metros, arriba de un montículo, la casa del bebé, custodiada por un ejército de cuervos. Cada cual apretó lo que llevaba entre sus manos. El párroco su cruz y los supersticiosos sus ristras de ajo. Ya sólo les quedaba subir la pendiente, y escenificar un nuevo episodio de esa ancestral lucha entre el Bien y el Mal. Respiraron hondo e iniciaron el ascenso.
Mientras subían, los cuervos, inquietos, parecían formar escuadrones. Faltaban unos veinte metros para llegar a la cabaña, cuando las fuerzas del Bien se detuvieron. Los que las tenían, apuntaron con sus armas y abrieron fuego, ora hacia la casa, ora hacia el cielo. Atemorizados por los continuos estampidos, los oscuros pájaros se alborotaron. Cinco de ellos atacaron, los cinco fueron abatidos de certeros disparos. Los cuervos se juntaron y escalonadamente, empezaron la retirada. Al ver esto, los asaltantes se enardecieron y en masa, corrieron hacia la cabaña. Cientos de pájaros perecieron por acción de las balas, piedras y contundentes golpes de palos, rastrillos y azadones. La victoria fue total. Pero aún debían concluir su tarea. Con la ayuda de unas antorchas, rodearon la casa y la incendiaron.
Cuando todo terminó, los vecinos se acercaron con sigilo a las ruinas, que todavía humeaban. Pero su sorpresa fue mayúscula. Por más que removieron los escombros, nunca encontraron el cadáver del pequeño Fortunato.
Han pasado sesenta años desde que aquello ocurrió. Delante de mí, una venerable anciana que dice haber presenciado la inmolación, me asegura que el cuerpecito del niño se consumió por completo. Otro testigo, sin embargo, afirma que vio cómo los cuervos se lo llevaban antes del incendio. Me contó también que los campos tardaron décadas en dar nuevos frutos.
Sólo añadiré una cosa más. Me llamo Edilberto Ramos y soy adoptado. Aunque mi verdadero nombre es Fortunato Marín. Y en mi memoria perdurará por siempre, una amorosa gratitud hacia Rosalía.
Comprenderán ahora, por qué sigo asombrado.

La expresión de cualquier forma de arte siempre es difícil y me atrevería decir que casi lo es más para el receptor que para el propio artista, además de ser un acto lleno de generosidad y valentía que incluso a veces, nos arroja una guante que hace que nos revolvamos por dentro. Por otra parte nos atrapa desde la infancia; no imagino a un niño que no se deje cautivar por una bella melodía o por una historia bien contada.
ResponderEliminarPrometeo, comprobar que escribes o has escrito o escribirás es un hecho que no me llena de asombro; por la forma y contenido de tus comentarios se adivina fácilmente. Tu cuento es una muestra de ello; de forma y contenido. Es evidente que la moral rígida que controla, domina o modula la libertad de acción de los seres humanos (por otra parte necesaria) es también tremendamente frágil y voluble y no digamos en épocas de escasa o nula cultura, en las que la curiosidad, el conocimiento y el hecho de cuestionar cualquier principio era un acto peligroso a la vez que pecaminoso. Por otro lado es más fácil controlar a un grupo social, o a la sociedad entera que a un sólo individuo -ésto lo saben perfectamente los políticos, los controladores de los mercados y los profetas de la fe-. Aún así siempre existen individuos que se escapan a este control, llámense Rosalía, que o bien ve lo que no ve nadie o no es capaz de ver del mismo modo en que lo hace la mayoría. No todos los individuos son capaces, ni están preparados para ejercer consecuentemente un nivel de conciencia mayor que aunque nace de un sólo individuo tiene pretensiones de ser universal. Existen conocidos experimentos en este sentido, en el que cualquiera de nosotros, de manera individual, duda de hechos objetivos y evidentes ante la presión del grupo. Lo que conduce a algunas personas a derribar o saltar ese muro sí me llena de asombro y admiración.
Un abrazo.
Ana, gracias por tu acertadísimo comentario. Lo cual, para bien de todos, ya empieza a ser una costumbre.
ResponderEliminarQué razón llevas cuando dices que el arte es una cosa de dos mentes: la que crea y el receptor que decodifica el mensaje del creador y lo hace inteligible. Es una evidencia que no todo arte es entendido por todo el mundo. Creo que alguien en tu blog decía que tu veías arte donde parecía no haberlo, porque estaba para ser interpretado por tí. De alguna manera, es así como sucede. También existe su contrario: quien ve sólo piedras tiradas por el suelo cuando visita el Partenón. Por tanto, como bien afirmas, si ya es difícil crear, no lo es menos decodificarlo para entenderlo y gozar de él. El bagaje cultural y de vida de cada cual, por supuesto que influye determinantemente en esta capacidad.
La idea del relato la has captado con esa brillantez que te caracteriza: cómo lo que empieza con una subjetivísima apreciación supersticiosa, acaba convirtiéndose en una especie de verdad generalizada, con las consecuencias ya descritas. Lo irracional se impone a lo racional, la idea se grupo anula la singularidad del pensamiento. Pero como bien dices, a veces tenemos la suerte de que alguien se resiste a ese pensamiento único, tal como hace la vieja Rosalía que acaba salvando al bebé. Y son precisamente este tipo de personas, las que no se doblegan, quienes acaban , en ocasiones, rompiendo ese status quo de lo establecido y entonces se evitan tragedias o cambian las cosas. Estoy recordando ahora una muy buena película llamada " La Ola". En ella se refleja con crudeza ese alineamiento (también se podría decir, alienamiento) con el pensamiento único. Te recomiendo que la veas, no te va a defraudar.
Ese experimento del que hablas, lo conozco e impresionan los resultados. Da pena pensar, con todo lo que nos creemos, lo frágiles que somos.
Ana ¿El abandono del ciberespacio por parte de Angeles, es ya definitivo?
ResponderEliminarComo bien dices, Prometeo, el arte de la escritura es algo bastante difícil, sólo al alcance de unos pocos y encima una rareza el hacerlo bien. Muy cierto; como lo es el arte de la composición musical o la pintura y otras artes donde el "artista" es una proyección más de ese resultado que nos llega a emocionar, levitar, soñar o despertar... cualquiera de ello sería válido además de otras muchas formas de activar nuestro cerebro.
ResponderEliminarCuando hablas de escritores, yo me quedo con uno bastante actual y que me gusta muchísimo, como es Paul Auster: totalmente recomendable (inclusive algunas películas dirigidas por él)... ya me hubiese gustado a mí, escribir, por ejemplo como hace él; siempre me siento identificado pero ya sabemos que al tener los pies en la tierra, lo único que nos queda es aplaudir y disfrutar sus maravillosas obras.
Cambiando a la segunda parte de tu entrada, donde te muestras cual aficionado a este difícil arte, te diré que me ha gustado bastante (apúntate un diez tú ahora) si bien es cierto que es un relato donde te da un poco de miedo; ese miedo barroco, un miedo helador sin saber para dónde debes dirigir tu mirada...
Cuando un relato está bien elaborado, bien escrito, con sus momentos de exposición del tema, el pequeño desarrollo, la calma tensa, el fuego y la resolución (utilizando términos de la música culta) y logra atraparte, se puede considerar una buena obra... ésta, lo es. Te animo a que retomes esa faceta tuya de escritor (aunque sea como aficionado; también muchos escritores comenzaron así) y el tiempo nos dirá.
Cuando en un pequeño pueblo, aldea o incluso una casa de campo, suceden cosas como las que relatas, no hace falta más que alguien quiera encender una vela, para que esa cerilla que enciende, lo haga en la mecha equivocada: se ven todo tipo de fantasmas, apariciones, brujas que vuelan y niños malditos... la superstición, que también da miedo.
Conozco un caso (no recuerdo donde lo leí, o tal vez escuché por radio en esos programas que tanto me gustan sobre misterios y demás) donde un señor que había viajado a Cuba, trajo con él, los cigarros que tan famosos hicieron más tarde a la isla. En España en esa época, no se conocía (o tal vez muy poco) el tabaco... este señor, se encendía sus cigarros y los disfrutaba tranquilo en su sillón, mientras su mujer lo observaba sin decir nada... hasta que un día la buena señora, delató al marido mientras confesaba ante el párroco del pueblo, contándole cómo ella creía que su marido tenía a Satanás en el cuerpo porque "echaba humo" por la boca y la nariz... ni corto ni perezoso, el cura lo llevó ante la Santa Inquisición y está (tras someterlo a los interrogatorios propios de esta corte penal) lo llevó a la hoguera.
Tal como lo cuento, creo que es verídico. Habría que bucear bastante en Internet para dar con el caso... no obstante, si encuentro la fuente, te la proporcionaré.
Un abrazo.
Ayer después de escribir un comentario me dio error y luego ya no puede, cachis...
ResponderEliminarNo se puede subestimar el poder de la sugestión sobre todo en un grupo social. La superticiones se inventaron para controlar de alguna manera a la sociedad. Los rumores pueden ser tan destructivos e irracionales que pueden romper cualquier verdad y con el apoyo social copnvertirse un una realidad universal.
Tu cuento es una historia ficticia, pero la historia verdadera está llena de subjetividad, por ponerte un ejemplo, fijate Hitler y su idea de eliminar a los judios porque había que 'purificar la raza' cuanta irracionalidad, en cambio se llevo a cabo porque esa idea tuvo muchos seguidores, aún hoy hay huevos de serpiente lamentablemente.
La pelicula 'La ola' es muy recomendable para ver como se construye el grupo y la conciencia de grupo, con se construye una ideología y como no hay vida fuera de ese grupo. En cambio tu cuento me recordó a aquella pelicula de los años 60 titulada 'La jauría humana', donde la violencia social trata de disfrazarse de justicia cuando la razón está totalmente perdida.
Ahora no sé qué asombra más si la realidad o la ficción, en una obra literaria como la tuya jugamos con la imaginación pero ¿también jugamos en la realidad?
Ya imaginaba tu aficción por la escritura, por lo poco que he leido en tu blog se puede ver y leer la facilidad con la que te expresas, no quiere decir esto que sea fácil escribir, al contrario, requiere de toda la maestría necesaria para que en este proceso de comunicación los mecanismos funcionen bien. Creo que tú lo consigues, incluso va más allá de la lectura, algo así como el aroma que deja un café.
Un abrazo.
Utopazzo,
ResponderEliminarYa lo creo que es francamente difícil escribir bien. Y lo digo en el más amplio sentido de la palabra: sintáxis, semántica, estilo propio, una buena idea y saber desarrollarla con cierta maestría .... todo sin contar, que lo mayores críticos somos nosotros mismos. Nunca estamos de acuerdo con el resultado. Pero bueno, tampoco llega a ser malo tener un alto nivel de autoexigencia.
Estoy recordando esos seis meses en los que cada semana unos amigos y yo nos hacíamos más de doscientos kilómetros para asistir a un curso universitario de escritura creativa. Por eso digo que todo arte, además de talento, necesita de una buena dósis de esfuerzo y de entrega con lo que se hace. Y bien haces en animarme, porque lo de escribir lo tengo como aparcado, pero nunca olvidado. Me encanta contar historias y me produce un gran placer ese olvidarse del mundo donde sólo existen tú y tu historia. Hay hasta momentos en los que incluso uno desaparece, también el tiempo. Desde aquí os doy las gracias por vuestros favorables comentarios. A ver cómo discurre todo.
Por lo demás, coincido contigo en lo irracional de las supersticiones. Como ya habrás podido comprobar a través de mis comentarios en los distintos blogs, soy un convencido de la gran importancia que tiene la razón en esto de vivir mejor en el mundo. Razón que debe ir unida a la cultura que nos aleje de la ignorancia y a tener siempre en cuenta los sentimientos. Ni razón sin sentimientos, ni sentimientos sin razón. La sabia combinación entre ellos, es lo que nos salva. Dejar la ignorancia, un requisito previo.
Y tu historia del fumador, fiel reflejo de esa ignorancia fatal de la que hablo. Puedo ser tolerante con la ignorancia, pero no con la ostentación de la misma. Menos todavía con la de los que ejercen de alguna forma una parcela de poder. De los políticos, mejor no hablar.
Utopazzo, se me olvidaba como tantas veces. ¿Tienes el i-plus? lo digo por lo del canal + extra y el canal Mezzo : el primero de cine independiente y el segundo de música clásica y Opera. Un verdadero disfrute. Encima, en alta definición. te lo recomiendo si no lo tienes.
ResponderEliminarGracias, Encarni, por tus bienintencionados comentarios. Y me alegro que te haya gustado el relato. Lo del aroma del café, un símil que me agrada de alguien curtida en estas lides.
ResponderEliminarComo más de una vez se ha dicho, en ocasiones la ficción supera a la realidad. Pero no es menos cierto que también sucede lo contrario: que la realidad supere a la misma ficción. En cualquier caso, ambas se retroalimentan y muchas veces se confunden; tanto, que pueden llegar a significar lo mismo. La ficción si es verosímil, se convierte en realidad a ojos de un avispado lector. Lo contrario, es el fracaso de la historia.
Sobre la superstición, bien haces en identificarla con el afán de dominio. Y las religiones, un monumento a la superstición. Nada existe más en este mundo, que la Idea de Dios. Si es una verdad o no, es ya otra cuestión. Y no olvidemos el miedo, Encarni. El miedo a la muerte por la que hay que sacrificar la misma vida; paradójicamente, la única real y nunca prometida.
Gracias, de nuevo por asomarte a este blog, que también es el tuyo. Más si lo haces con tus enriquecedores comentarios.
Por desgracia, no dispongo del canal que me hablas... sí sé que existen y al tener contatado Internet+ tv. con ONO, este canal de música (Mezzo) está codificado. El canal de cine independiente, supongo que debe ser bastante interesante; no obstante, tenemos CTK, que emiten los films en V.O.S. también es bastante buena; además de nuestra videoteca de la que disponemos una gran cantidad de películas... entre ellas, "La Ola", de la que hacías mención en otro comentario. La hemos visto y ciertamente, no deja indiferente a nadie. Mensaje esclarecedor de lo que es capaz un sólo ser humano y su inteligencia, para manipular a una masa ciega.
ResponderEliminarGracias.
No sé que decirte de Ángeles, desde luego hablamos mucho pero no del blog. Definitivo...pues tampoco lo sé, enumera cosas que sean definitivas, seguro que encuentras muy pocas.
ResponderEliminarOlvidé decirte en mi comentario anterior que echaba de menos en tu lista de escritores alguna escritora. Hoy he tenido el inmenso placer de escuchar y leer algunas ideas de una escritora que parece muy delicada y tremendamente frágil pero es así de grande.
http://www.rtve.es/noticias/20110427/ana-maria-matute-cervantes-rey/427922.shtml
Hola Prometeo, puedes imaginarte mi sorpresa cuando he llegado aquí, traido por tu cometario, tan elogioso, y me he encontrado con una entrada dedicada al mundo de la escritura. Que me ha satisfecho como no te puedes imaginar.
ResponderEliminarYo te podría decir que no hace mucho que estoy escribiendo, de joven alguna cosa, pero durante años y años, nada de nada. Leer si, y mucho. Como decía mi padre, leía hasta los pasquines de propaganda.
Esto es lo que , yo creo, que me ha dado la poca o mucha capacidad literaria que pueda tener.
He leido tu relato y he de decir que me ha gustado mucho. El cuento es muy alegorío sobre el comportamiento de las masas y como pueden ser facilmente manipuladas ante el miedo o lo desconocido.
Yo añadíria otra película de los años 50 Furia del gran Friz Lang con Spencer Tracy. Una obra maestra del cine y claro ejemplo de como las masas se giran ciegas si se las sabe manipular.
Yo también te animaría a volver a escribir, estoy seguro, por lo que he leido, de que hay mucho talento, e interés, por lo que se desprende de los comentarios, hay de sobra.
Tienes todo mi ánimo para que así lo hagas.
Muchas gracias y un abrazo
Utopazzo,
ResponderEliminarUna pena que no tengas el canal Mezzo. No tengo ninguna duda que disfrutarías como un enano. Pero bueno. Ahí está el dato.
Un abrazo, sin tomas falsas.
Ana,
ResponderEliminarGracias por tu información sobre Angeles. Leo entre líneas. Salúdala de mi parte.
Por otro lado, es normal que echaras de menos a escritor-as entre los escritores que cité a volapié. No se trataba de ninguna lista, quizás me salieron primero los que más releo. Claro que hay grandísimas escritoras como Laforet, Mansfield o María Zambrano. Y otros como Maupassant ( genial su Bola de Sebo), Flaubert ( con su Madame Bovary, obra maestra) o Clarín con su Regenta, la mejor obra española del siglo XIX. Pero ya digo, nunca me atrevería a hacer una lista como tal. Ya ves, imperdonable olvidarme ahora de Kafka o Tolstoi. La verdad, la lista de excelentes escritores podría ser amplísima. Valgan estos, como botón de muestra.
Respecto a la Matute (grande de verdad) , he visto tu enlace y me ha resultado conmovedora. Dice que no sabe construir discursos ... ¡Pero si ha sido el discurso más humano, hechizante y conmovedor que he escuchado en los últimos 20 años! Estuvo genial. ¡Qué gran contadora de historias! Si hasta me recordó a mi abuela cuando nos reunía a los siete hermanos y nos contaba todo tipo de historias ... ¡y nunca nos cansaba! Lástima que la tradición oral de contar historias, ya casi se ha perdido.
Grande Matute, muy grande.
José Vte,
ResponderEliminarEn primer lugar, darte la bienvenida a este blog, que como habrás podido comprobar, lleva poco tiempo y me deseo es que se vaya consolidando a través de vuestras aportaciones. Seguiremos en ello.
En relación a tu faceta de escritor, yo también te recomiendo que sigas en el camino, que me parece es el acertado. Teniendo talento, todo lo demás es mejorable. Y no dudes que esos años que pasaste leyendo sin parar, son el mejor maestro para escribir bien. No sabes la cantidad de libros que he tenido que devorar para escribir algunas cosas medianamente aceptables. Pero bien sabes, igual que yo, que en esto de escribir, nunca se deja de aprender. A ver si me pongo de nuevo en la tarea.
Y me agrada que te haya gustado el relato. Me anima el comprobar que hay gente a la que le gusta lo que escribo. Es un añadido al placer que ya produce en sí el acto creativo de escribir.
Gracias por tu comentario y espero verte más veces por aquí.
No voy a abundar en los acertados análisis que me preceden, pero sí a animarte a que sigas escribiendo, porque lo tuyo es, como mínimo, de un aficionado muy leído y con talento.
ResponderEliminarMi padre, octogenario ya, empezó a escribir a los setenta y tantos, es español, no siendo su lengua natal y disfruta haciéndolo para sus hijos y estrujándose las meninges imaginativas, prodigio de productividad, pues tiene más de 100 relatos escritos, de creciente calidad (lo que menos nos importa a los hijos, pero que demuestra su esfuerzo por mejorar también la forma). Creo que sólo parará cuando le fallen las manos en el ordenador (otro de sus méritos).
Fíjate si te queda recorrido para escribir. Seguro que exitoso. Adelante.
Quise decir que escribe "en" español.
ResponderEliminarGracias Sibeaq por los cumplidos, más viniendo de alguien que conoce de primera mano mis primeros escarceos en esto de escribir. Estoy recordando nuestros viajes a la UIMP donde tanto disfrutamos con el curso de escritura creativa. Y descuida, que no está lejos el día en que retome con nuevos bríos lo que en su momento dejé a medias. Ya sabes, circunstancias de la vida.
ResponderEliminarHablando de moral, o de doble moral o mejor aún de ausencia de moral, viene que ni pintado el reciente asesinato de Bin Laden por el país que regenta la moral imperante y el modelo de valores democráticos universalmente reconocidos, además, con la autorización expresa de un nobel de la paz, vamos, para darse un baño de escepticismo.
ResponderEliminarCreo que el tema plantea un serio dilema ético, que Obama, investido prematuramente santo políticamente correcto, ha tenido que dilucidar dentro de la psicología y moral de su pueblo.
ResponderEliminarOptó por contentar a los americanos, que para eso le votaron y están a favor mayoritariamente de la pena de muerte, de la venganza del estado humillado. Vista desde fuera, único punto de vista desde el que puedo analizarlo, me parece que, como país, EEUU tiene cuatro reglas morales que respeta y todas las demás (sobre todo las convenidas por el resto del mundo) están para saltárselas. Por otro lado, Europa tiene exceso de normas morales y poca ética.
¿Esperábais otra actitud ante su mayor enemigo-demonio? ¿Lo iban a guardar en casa, bajo siete llaves, transmutándolo en mártir?
De las consecuencias, mejor ni hablar.
Ana,
ResponderEliminarCada pueblo, tribu o sociedad tiene sus propias normas morales que están obligadas a colisionar unas con otras en un mundo cada vez más globalizado. Lo que es aceptable en una sociedad, quizás no lo sea en otra. Por eso debe haber algo por encima de ellas que juzgue lo que es universalmente bueno o su contrario. Ese algo es la Ética. De todas formas, entraré con profundidad en ello cuando haga mi entrada sobre la ética y la moral. El tema es muy espinoso, de ahí que requiera un tratamiento serio. Cuando se habla de moral, siempre planea la sombra del nihilismo. Combatirlo, ahora más que nunca, una necesidad.
Sibeaq,
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo en que el problema de Bin Laden se ha resuelto "muy a la americana". Y ya sabemos lo pragmáticos que son para ciertas cosas. Lo de Obama, una pena. Hará lo que pueda. La especialísima sociedad conservadora americana lo vigila muy de cerca. No se fían de él por negro, por sus orígenes y por socialistón. Aunque aquí tenemos una sucursal de la ultraderecha, representada por Intereconomía y su gato al agua.
Prometeo, lo más estimulante de nuestras escapadas literarias era la complicidad en ese secreto sin culpa.
ResponderEliminarAquí, en España, "los demócratas de toda la vida", a los que no piensan como ellos los titulan de ultraderecha. No se dan cuenta de que ellos practican un lenguaje y modos tan casposo y pasado de moda como el de Raul Castro, Hugo Chavez y la momia de Carrillo.
ResponderEliminarAquí ya hace tiempo que se murieron Franco y la Pasionaria. La sucursal de la ultraderecha, como tu les llamas, lo único que dice es que lo que han hecho estos "mataos", durante estas dos legislaturas, es de juzgado de guardia.
Claro, que algunos prefieren a Gabilondo y su helada mirada o al inúti boca torcida de su hermano.
Bueno Prometeo, dicen que la suerte va por barrios (ya, ya sé que ese concepto de la suerte da para un largo debate), al grano: en julio Luar na Lubre actúa en Málaga y además no coincide con ninguna final y más CERCA, imposible!
ResponderEliminarPues agradezco la información, no lo sabía. Si nada me lo impide, asistiré seguro. Y lo de la coincidencia de la final de champions con el concierto en Jaén, informo a mi estimado Utopazzo que me dí cuenta después de esa ignorada coincidencia. Que no se enfade conmigo.
ResponderEliminarUn abrazo para los dos.
Felicidades por el campeonato, Utopazzo. El año que viene ya veremos.
Intento escribir lo que me dicta el interior.
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