"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca." José Hierro.



domingo, 18 de septiembre de 2011

CULTURA

Perplejidad. Imposible encontrar otra palabra  que defina con mayor precisión el actual estado de gobernantes y ciudadanos ante el desmorone de un Sistema que parece tener ya los días contados. Si entendemos por perplejidad ese estado de duda y confusión que surge cuando no se sabe qué hacer ante lo inesperado, convendrán conmigo que lo observado hasta ahora se asemeja a una perplejidad perfecta. Perfecta en en sus orígenes, universal en sus consecuencias. Confuso me hallo, como ciudadano y ser humano, ante tanta mentira defendida sin sonrojo por quienes detentan el poder financiero y, lo que es más grave aún, secundada arteramente por políticos ganapanes de egoísmo fácil e infinita cobardía. Que no se haya podido reunir a " 35 hombres buenos" que dieran un paso al frente (un paso de dignidad) para someter a referéndum una cuestión tan vital como la reforma constitucional, coloca a nuestra clase política al borde, si no de lleno, en el libro de la infamia de mi admirado Jorge Luis Borges.
Con ser grave esto, no es ni mucho menos lo más importante. Sería mirar el dedo cuando alguien te muestra la luna. Creo que la verdad subyacente, es una verdad fácilmente reconocible en eso que llamamos Cultura. Entiendo por Cultura todo ese conjunto de normas, creencias, costumbres, manifestaciones artísticas o científicas que como herencia social nos valemos para solucionar problemas de adaptación social al medio o a a la vida en común. Asistimos, por desgracia, a una degradación de todo lo que de bueno tiene la Cultura. Por contra, afloran por doquier, el relativismo cultural, el nihilismo, la complacencia y un escaso respeto o la simple ignorancia de aquellos valores que nos unen como seres humanos tales como la solidaridad, la igualdad o el compromiso social. No es de extrañar que esto suceda, cuando llevamos décadas fomentando la competitividad, el individualismo o el egoísmo en todas sus vertientes. Y lo que ya resulta indecoroso ( aunque coherente para ellos) es que desde las instancias de poder se propugne una cultura de petimetres dormidos y montaraces. De alguien en la Comunidad de Madrid me estoy acordando.
Prueba de esta perversión de valores que ha provocado todo este desbarajuste, es que desde arriba se nos quiere hacer pasar lo bueno por malo y lo malo por bueno. Una mala poesía, siempre será una mala poesía por muchos premios que le den o porque su autor salga en todos los medios. Bueno es el sufrimiento que ennoblece, pero no el que envilece o cosifica, como el del vigoréxico en el gimnasio. Seguro que a poco que escarbéis, encontraréis ejemplos al respecto.
No es de extrañar, por tanto, que en esta debacle cultural y económica campen a sus anchas especuladores sin escrúpulos y defensores del salvese quién pueda. Pero no es menos cierto, que en época de crisis y grandes cambios, la humanidad ha dado muestras de incansable adaptabilidad. Que el mañana se convierta en un caos o en un futuro más humano y prometedor, depende de un cambio en las conciencias individuales que sumadas, aporten lo que la gente de bien está esperando. Para esto la gente se ha lanzado ya a la calle y necesita de esa multitud silenciosa que desde bambalinas aún no se atreve a salir, pero comparte la exigencia de un mundo mejor y más solidario.

Como complemento a esta entrada, añado un texto del gran maestro Antonio Machado sobre la Cultura. En muchos aspectos, aplicable a la realidad que hoy vivimos. Recomiendo su lectura, viniendo de quien nunca defrauda por su sabiduría.


                                             SOBRE LA DEFENSA Y LA DIFUSIÓN DE LA CULTURA


El poeta y el pueblo
Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil –era el tópico al uso de aquellos días– consagrado a una actividad aristocrática, en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta?, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto evasivas o ingenuas: «Escribir para el pueblo –decía mi maestro– ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos –claro está– de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, [12] escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, es escribir también para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España, Shakespeare, en Inglaterra, Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la más consciente y suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz de gay-saber, no creo haber pasado de folk-lorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular.»
cuando la contienda no había aún perdido su aspecto de mera guerra civil, yo escribí estas palabras que pretenMi respuesta era la de un español consciente de su hispanidad, que sabe, que necesita saber cómo en España casi todo lo grande es obra del pueblo o para el pueblo, cómo en España lo esencialmente aristocrático, en cierto modo, es lo popular. En los primeros meses de la guerra que hoy ensangrienta a España, den justificar mi fe democrática, mi creencia en la superioridad del pueblo sobre las clases privilegiadas.
Los milicianos de 1936
I
Después de puesta su vida
tantas veces por su ley
al tablero...
¿Por qué recuerdo yo esta frase de don Jorge Manrique, siempre que veo, hojeando diarios y revistas, los retratos de [13] nuestros milicianos? Tal vez será porque estos hombres, no precisamente soldados, sino pueblo en armas, tienen en sus rostros el grave ceño y la expresión concentrada o absorta en lo invisible de quienes, como dice el poeta, «ponen al tablero su vida por su ley», se juegan esa moneda única –si se pierde, no hay otra– por una causa hondamente sentida. La verdad es que todos estos milicianos parecen capitanes, tanto es el noble señorío de sus rostros.
II
Cuando una gran ciudad –como Madrid en estos días– vive una experiencia trágica, cambia totalmente de fisonomía, y en ella advertimos un extraño fenómeno, compensador de muchas amarguras: la súbita desaparición del señorito. Y no es que el señorito, como algunos piensan, huya o se esconda, sino que desaparece –literalmente–, se borra, lo borra la tragedia humana, lo borra el hombre. La verdad es que, como decía Juan de Mairena, no hay señoritos, sino más bien «señoritismo», una forma, entre varias, de hombría degradada, un estilo peculiar de no ser hombre, que puede observarse a veces en individuos de diversas clases sociales, y que nada tiene que ver con los cuellos planchados, las corbatas o el lustre de las botas.
III
Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso, en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y –digámoslo con orgullo– perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa [14] errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie –signos de clase, hábitos e indumentos– a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar –jesuíticamente– la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. «Nadie es más que nadie», reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y orgullo! Sí, «nadie es más que nadie» porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. «Nadie es más que nadie, porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.
IV
Cuando el Cid, el señor, por obra de una hombría que sus propios enemigos proclaman, se apercibe, en el viejo poema, a romper el cerco que los moros tienen puesto a Valencia, llama a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas Elvira y Sol, para que vean «cómo se gana el pan». Con tan divina modestia habla Rodrigo de sus propias hazañas. Es el mismo, empero, que sufre destierro por haberse erguido ante el rey Alfonso y exigídole, de hombre a hombre, que jure sobre los Evangelios no deber la corona al fratricidio. Y junto al Cid, gran señor de sí mismo, aparecen en la gesta inmortal aquellos dos infantes de Carrión, cobardes, vanidosos y vengativos; aquellos dos señoritos felones, estampas definitivas de una aristocracia encanallada. Alguien ha señalado, con certero tino, que el Poema [15] del Cid es la lucha entre una democracia naciente y una aristocracia declinante. Yo diría, mejor, entre la hombría castellana y el señoritismo leonés de aquella centuria.
V
No faltará quien piense que las sombras de los yernos del Cid acompañan hoy a los ejércitos facciosos y les aconsejan hazañas tan lamentables como aquella del «robledo de Corpes». No afirmaré yo tanto, porque no me gusta denigrar al adversario. Pero creo, con toda el alma, que la sombra de Rodrigo acompaña a nuestros heroicos milicianos y que en el Juicio de Dios que hoy, como entonces, tiene lugar a orillas del Tajo, triunfarán otra vez los mejores. O habrá que faltarle al respeto a la misma divinidad.
Madrid-Agosto 1936.
*
Entre españoles, lo esencial humano se encuentra con la mayor pureza y el más acusado relieve en el alma popular. Yo no sé si puede decirse lo mismo de otros países. Mi folk-lore no ha traspuesto las fronteras de mi patria. Pero me atrevo a asegurar que, en España, el prejuicio aristocrático, el de escribir exclusivamente para los mejores, pueda aceptarse y aun convertirse en norma literaria, sólo con esta advertencia: la aristocracia española está en el pueblo, escribiendo para el pueblo se escribe para los mejores. Si quisiéramos, piadosamente, no excluir del goce de una literatura popular a las llamadas clases altas, tendríamos que rebajar el nivel humano y la categoría estética de las obras que hizo suyas el pueblo y entreverarlas con frivolidades y pedanterías. De un modo más o menos consciente, es esto lo que muchas veces hicieron [16] nuestros clásicos. Todo cuanto hay de superfluo en El Quijote no proviene de concesiones hechas al gusto popular, o, como se decía entonces, a la necedad del vulgo, sino, por el contrario, a la perversión estética de la corte. Alguien ha dicho con frase desmesurada, inaceptable ad pedem litterae, pero con profundo sentido de verdad: en nuestra gran literatura casi todo lo que no es folk-lore es pedantería.
*
Pero dejando a un lado el aspecto español o, mejor, españolista de la cuestión, que se encierra a mi juicio, en este claro dilema: o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías, y volviendo al aspecto universal del problema, que es el de la difusión de la cultura, y el de su defensa, voy a leeros palabras de Juan de Mairena, un profesor apócrifo o hipotético, que proyectaba en nuestra patria una Escuela Popular de Sabiduría superior.
*
La cultura vista desde fuera, como la ven quienes nunca contribuyeron a crearla, puede aparecer como un caudal en numerario o mercancías, el cual, repartido entre muchos, entre los más, no es suficiente para enriquecer a nadie. La difusión de la cultura sería, para los que así piensan –si esto es pensar–, un despilfarro o dilapidación de la cultura, realmente lamentable. ¡Esto es tan lógico!... Pero es extraño que sean, a veces, los antimarxistas, que combaten la interpretación materialista de la historia, quienes expongan una concepción tan materialista de la difusión cultural.
En efecto, la cultura vista desde fuera, como si dijéramos desde la ignorancia o, también, desde la pedantería, puede aparecer como un tesoro cuya posesión y custodia sean el privilegio [17] de unos pocos; y el ansia de cultura que siente el pueblo, y que nosotros quisiéramos contribuir a aumentar en el pueblo, aparecería como la amenaza a un sagrado depósito. Pero nosotros, que vemos la cultura desde dentro, quiero decir desde el hombre mismo, no pensamos ni en el caudal, ni el tesoro, ni el despósito de la cultura, como en fondos o existencias que puedan acapararse, por un lado, o, por otro, repartirse a voleo, mucho menos que puedan ser entrados a saco por las turbas. Para nosotros, defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante. ¿Cómo? Despertando al dormido. Y mientras mayor sea el número de despiertos... Para mí –decía Juan de Mairena– sólo habría una razón atendible contra una gran difusión de la cultura –o tránsito de la cultura concentrada en un estrecho círculo de elegidos o privilegiados a otros ámbitos más extensos– si averiguásemos que el principio de Carnot, rige también pare esa clase de energía espiritual que despierta al durmiente. En ese caso, habríamos de proceder con sumo tiento; porque una excesiva difusión de la cultura implicaría, a fin de cuentas, una degradación de la misma que la hiciese prácticamente inútil. Pero nada hay averiguado, a mi juicio, sobre este particular. Nada serio podríamos oponer a una tesis contraria que, de acuerdo con la más acusada apariencia, afirmase la constante reversibilidad de la energía espiritual que produce la cultura. 
*
Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa que lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética: sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da. [18]
Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias. Y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ningún modo un fardo ingente para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que sólo el peso de la cultura pueda repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado espesos, necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán.








     

6 comentarios:

  1. Esa perplejidad debería durar el mínimo tiempo posible una vez descubierta, porque ese estado produce una situación de confusión o duda que está siendo muy bien aprovechada por los que rigen el poder. Perplejos, desorientados...mejor estar indignados, ya que éste término supone una mayor implicación además de una actitud crítica y reivindicativa.

    Si hace unos años me hubieran contado una historia con el contenido de la situación política, social, económica y cultural que ahora vivimos me hubiera parecido delirante, como poco exagerada, propia de alguien con tendencia a la catástrofe...pero si nos descuidamos asistiremos precisamente a la catástrofe, no se me ocurre mejor término para referirme a la destrucción de derechos civiles y sociales conquistados a base de lucha, derecho, inteligencia e incluso la propia vida de tantos hombres y mujeres.

    Allá por el año 1931 Federico García Lorca pensaba y decía ésto:

    "Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. "Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre", piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión."

    Y continuaba... "Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro."

    Si nadie lo remedia nos quedaremos sin pan(en forma de falta de empleo) y sin libro, ya que algunos intentarán considerar la cultura y la educación como un privilegio al alcance de pocos, no como un derecho universal de toda la ciudadanía. Si alguien no lo remedia...o no lo remediamos.

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  2. Comparto tu perplejidad, además de estar indignada por todo lo que está sucediendo desde las altas esferas políticas.
    En Madrid se está cuestionando la gratuidad de la enseñanza a partir de los 16 años,se está criticando la labor docente, los recortes nos está dejando con el culo al aire, y siempre a los mismo.
    Estamos retrocediendo a marchas forzadas, y parece que volveremos a los tiempos del hombre es lobo para el hombre, o en todo caso tratar con urgencia el desaprender el egoísmo, la competitividad, la individualidad que como dices la tenemos desde hace decadas. Esto resultará difícil, porque en teoría España es un país del primer mundo con casi 5 millones de parados. Al parecer la cultura es lo menos necesario para los pobres, los libros no se pueden comer.

    Te puedo decir que dependiendo de la zona que se resida, los colegios tienen diferentes recurso presupuestados, lo he podido comprobar por mi misma, ahora con la crisis se ha acentuado aún más y eso se nota.

    Pero además de perpleja me siento impotente ante todo lo que está sucediendo, las cosas están cambiando mucho, mucho, me apena que la generación de nuestros hijos/as será peor que la nuestra en pleno siglo XXI.

    Me ha gustado mucho tu entrada, sobre todo muy interesante.

    Un abrazo

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  3. Ana:

    Bien sabes por mis anteriores entradas, el grado de indignación que me embarga ante tanta desverguenza por parte de quienes dicen que nos representan y por esos oscuros poderes financieros que hoy más que nunca, fustigan con latigazos de miseria moral e insolidaridad, mentes y corazones de ese pueblo irreductible que en sus genes lleva grabado la resistencia, la dignidad y su capacidad de despertar en los momentos más insospechados.
    Completamente de acuerdo. Mucha gente ha despertado ya, pero bastante menos de lo que aún espero. Por eso, como bien dices, hoy en día es casi una exigencia sacudirnos ese estado de perplejidad y pasar a la acción ante lo que se nos avecina en forma de abuso, recortes sociales y lo que es más grave: instaurar la mentira como verdad. Es lo que ahora están haciendo desde arriba. Obscenamente, Medios de Desinformación, Políticos y Poder Financiero, se han puesto de acuerdo para engañarnos y someternos. O aceptas su realidad impuesta o no tendrán más remedio que reprimirnos con el uso de la violencia policial. Me da igual cuáles sean tus argumentos, si es justo lo que pides, si te quedas sin casa o sin trabajo. Por encima de todo , hay que reestablecer el Orden, que esto siga funcionando como siempre para nuestro beneficio. Y si esto no es así o a alguien todavía le quedan dudas, que se lo pregunten al pueblo griego. Curiosamente, cuna de la democracia.
    Creo que estos momentos son cruciales y nada me haría más feliz que la inmensa mayoría del pueblo se diera cuenta de esto y saliera de esa perplejidad. Estoy recordando ahora esos momentos estelares de la humanidad de los que hablaba Zweig. Pese a quien le pese, esto se derrumba y sólo es cuestión de tiempo. Estamos en una situación de cambio y es el pueblo quien tiene que decidir. No perdamos esta gran oportunidad. La calle y las plazas nos reclaman. Por nuestro futuro que se hace día a día, por el de nuestros hijos.

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  4. Celebro, Encarni, encontrarte de nuevo por aquí. Agradezco tu comentario.

    Ciertamente, todos asistimos perplejos y atónitos ante el vergonzoso espectáculo de la clase política mundial, al dictado y servicio de la Oligarquía Financiera. Esa Troika Financiera inhumana y miserable, encuentra su alargada sombra en nuestra particular Troika: Rajoy, Zapatero (el Gran Traidor) y nuestro amado Rey que ahora nos pide grandes sacrificios. Espero que empiece por su propia casa.
    Insisto. Esto no tiene arreglo por mucho que se empeñen. Es el momento del pueblo. Por eso, el 15-O, debemos masivamente decir basta. España y el mundo debe ser un clamor contra la injusticia que van a perpetrar si no lo remediamos. Ante el silencio tendencioso y vergonzante de los Medios de Desinformación, se impone como necesario que la Red se convierta en portavoz de todos los que tenemos algo que decir. Debemos, a través de nuestros blogs y por cualquier otro medio que nos sea accesible, hacer a la gente partícipe de nuestro descontento. Y el 15-O sería la concreción real de ese descontento. Si ellos tienen el poder de los Medios, del Dinero y de las Instituciones, nosotros tenemos el poder de la solidaridad, la justicia y el de tomar calles y plazas. Ya han empezado los recortes en educación y la sanidad. Ya es imposible permanecer de brazos cruzados. Es el momento de la acción.

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  5. Prometeo, sin ir más lejos, hoy mismo leí en la prensa una frase tan sencilla, como demoledora de un periodista (Mariano Guindal) que intercambiaba impresiones con los lectores: “Por primera vez, nuestros hijos van a vivir peor que nosotros”… Este tema de la crisis es más serio de lo que creemos, más crudo de lo que nos cuentan, y da más miedo que cualquier cosa que te lo pueda provocar. Soy así de pesimista, o tal vez realista,( que es la palabra que más se puede aproximar). Al mismo tiempo, (reo que lo comenté en algún comentario con anterioridad) pienso que es paradójico, pues parece ser que lo que se nos pueda venir encima (con la victoria del PP en las cercanas elecciones aquí en España, con un futuro presidente como el Sr. Rajoy –del que el Sr. Blanco ha dicho que no ha marcado un sólo gol en su vida- y lo que es previsible que suceda…) debe ser la “excusa” para hacer la revolución: una sociedad avanzada, no podrá permitir atropellos contra los derechos de los ciudadanos, privatizaciones por doquier y minar a las clases medias y bajas, mediante la manipulación en Educación o Sanidad. Son nuestros pilares democráticos en un Estado de Derecho; y si se tocan, el sistema caerá y sólo vivirán los ricos, como antaño… Sencillamente, no deberíamos estar dispuestos a que esto suceda.

    Que estés perplejo, es natural; ya sabíamos que ésto, estaba en manos invisibles, pero con nombres y apellidos. Que los Gobiernos, en su gran mayoría no gobiernen se debe, tal vez, a que realmente no lo pueden hacer, sino que pasar por el aro que impone el mercado financiero, que es quien desde hace muy poco, gobierna realmente, pues se han quitado la careta un poco… antes, dominaban más en la sombra, y lo sabíamos pero o no lo veíamos, o no queríamos verlo porque todo parecía funcionar, parecía fluir la energía positiva, hasta que estalló la pompa. Recuerda las elecciones en USA, donde todo parece indicar que hubo una manipulación por parte del Sr. Bush Jr. y su gabinete de hombres de negro, para llegar a la Casa Blanca… de todos es conocido. También como las grandes multinacionales del petróleo, sobre todo, obligaron a científicos a desmentir el cambio climático u otras lindezas, para que Bush hijo, más tarde pudiese invadir Irak, con el apoyo del Sr. Aznar y Blair. El resultado ya es conocido por todos. Luego ya se encargan fuerzas ocultas de desmentir lo acontecido: ahora el petróleo de Irak, en manos de los que les “prestaron” el apoyo para llegar donde llegó… Todo esto es muy penoso y redundante hablar de ello, pero me parece que van por ahí los tiros…

    De al cultura, pues más de lo mismo; sólo tienes que leer el diario cada día y comprobar cómo, todo está cambiando a favor de valores caducos, la estulticia humana, es lo que más brilla y a esta gente de la derecha, los ilumina más aún: saben que los borreguitos deben seguir siendo mansos y cuanto menos aprendan, más fácil será meterlos en el corral… Nuevamente, digo que (aunque lo van a intentar, y de hecho lo están consiguiendo allá donde gobiernan) no debemos permitirlo; comenzando por las urnas, y después si es necesario, con una revolución en la calle… Si estos llegan, como todo parece indicar, al poder, creo que tendremos las mayores Huelgas Generales de la historia… Al tiempo, y ojalá me equivoque.

    El texto de Machado, ejemplar y revelador… Enhorabuena por el trabajo.
    Saludos, y un abrazo.

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  6. Utopazzo:

    Resulta inquietante comprobar que cualquier ejercicio de pesimismo que se haga con respecto a lo que se avecina, puede que incluso hasta se quede corto. No puedo evitar pensar en esa orquesta del Titanic que seguía tocando mientas el barco se iba a pique. De ahí ese estado de perplejidad del que no logro desembarazarme del todo, a pesar de mis esfuerzos por conseguirlo.
    Tienes mucha razón en lo que señalas: como dice el maestro Machado, hace falta que los dormidos despierten y por desgracia, a veces sólo nos queda un huracán. Visto el complot a nivel mundial para que se recorten derechos y libertades que han costado sangre y mucha inteligencia de la buena conseguir, no nos dejan más que la calle para luchar y evitar que esto quede consumado. Por eso insisto tanto en que si el 15-O no tomamos masivamente la calle, ellos habrán ganado. Es ahora o nunca. 15M, maestros, estudiantes, funcionarios, trabajadores ... todos deberíamos estar ahí como un solo grito que retumbe y estalle los oídos de los señores del Dinero y de sus lacayos los políticos. O demostramos nuestra fuerza, o de lo contrario dejaremos vía libre a la hipocresía moral, el liberalismo económico en su peor versión y asistiremos al funeral de valores como la justicia, la igualdad o la solidaridad. Así de grave es el asunto.
    Y la llegada al poder el 20N de esa derechona en su mayoría estúpida y envalentonada de la manita de la Iglesia, no presagia nada bueno. Malos tiempos para la poesía y para el pueblo que la lea.

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