"Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca." José Hierro.



domingo, 22 de enero de 2012

DESTELLOS DE LUCIDEZ I : ERICH FROMM

Con el permiso de mi admirado Erich Fromm y con la satisfacción y respeto que me produce glosar en forma de entrada su enorme genio y humanidad, inicio una nueva serie de publicaciones que espero sean de vuestro agrado. Hablar de lucidez es hablar de encender luces que nos ayuden a ver las cosas tal y como son y no como quisieramos que fuesen. Es una especie de alejamiento de nuestro yo casi siempre deslumbrado, para hacer las preguntas correctas, para ver una realidad que por oscura, nos pasa desapercibida. Es descubrir, por ejemplo, verdades dolorosas que contradicen los deseos más profundos y aceptarlas, aún a riesgo de que lo dado por cierto deje de serlo y nos arrastre sin piedad al abismo. De ahí nace el pesimismo lúcido, de esta contradicción entre lo real verdadero y lo deseado  como un imposible. A un paso la impotencia, a dos la soledad ....  y un poco más allá, el amor a la verdad que nos disgusta, el renacer al amparo de la luz de lo nuevo comprendido, el compromiso que se revela como cierto y se rebela hacia la acción. Porque la luz que permanece se pierde, la que se irradia multiplica. Porque bajo el halo de esa luz, todos los hombres somos el mismo hombre.
Entre estos maestros de la luz- idez , Erich Fromm ocupa un lugar prominente. Integrante de la llamada Escuela de Frankfurt junto a personajes de la talla de Habermas, Adorno o Marcuse entre otros, a través de su extensa obra retrata con enorme acierto la alienación del individuo convertido en mercancía y abocado a la locura del consumismo olvidando lo que de auténtico hay en él. Autor que hoy recobra profética actualidad, viendo los derroteros abisales por los que el mundo discurre. Fromm supo conjugar con éxito el Psicoanálisis con el Marxismo, reflejado en libros magistrales como " Del Tener al Ser" , "El Amor a la Vida" , "La Vida Auténtica" , "El Miedo a la Libertad" , "El Humanismo como Utopía Real" o la conocidísima "El Arte de Amar".  Obras todas ellas absolutamente recomendables, en las que Fromm analiza con rigor al hombre como individuo y como integrante de una humanidad que aún está por alcanzar lo mejor de sí misma.
Este video que he encontrado en la Red, creo que refleja con gran acierto una parte importante de su pensamiento. Recomiendo darle al "pause" por ir un poco acelerado y por aquello de la reflexión, tan olvidada en estos tiempos. Comprobarán la calidez y la calidad de su pensar. Es de esos autores que te acompañan toda la vida.   

domingo, 20 de noviembre de 2011

SOLEDAD: NI SIQUIERA MÍA, NI SIQUIERA TUYA

" Fuera de la música, todo, incluso la soledad
y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente
ambos, pero mejorados."
                                         EMIL CIORAN

Solos,

Los que pierden su libertad sin saberlo,
los que la pierden sin quererlo,
los que luchan por no perderla.

Solos,

Los deshauciados sin casa,
Los que tratan de evitarlos,
Los que temen quedarse sin ella.

Solos,

Los millones de desempleados,
Los sin techo aplastados por ese techo robado,
Los marginados del Sistema.

Solos,

Los que avisan del derrumbe sin ser escuchados,
Los valientes que permanecen en las plazas,
los que perderán la tarjeta sanitaria.

Solos,

Los que padecerán una enseñanza de pago y empobrecida,
Los que defenderán el sentido común y serán pisoteados,
Los que contra el pensamiento único se rebelen.

Solos, en definitiva, todos los creedores en la igualdad, la justicia y la solidaridad. Los defensores de la socialdemocracia y el pensamiento libre. Los que hoy se aprestan a una lucha desigual contra el imperio del dinero, el despotismo ilustrado y contra el inhumano abandono de los más desfavorecidos. Son pocos, pero son. Y en ellos anida el germen de la revolución. Solos en su lucha hecha de utopía y de razón. Pero como decía Cioran, esa soledad crece y es mejorada cuando la música la acompaña. Adopta otra textura, se ennoblece y de paso nos mejora. Que por unos momentos, ya nadie se sienta solo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

MOMENTOS ESTELARES, II

Nadie  duda ya que vivimos momentos de una gran convulsión, que esto se derrumba sin remedio. Asistimos a una debacle económica mundial y a la inmolación del capitalismo incendiado por sus propias contradicciones. Lo que parecía verdad inamovible, que no había nada más allá del capitalismo, parece estar llegando a su fin. De final de la historia nada, Fukuyama. Políticamente, la sumisión de los llamados representantes del pueblo al Poder Financiero ha alcanzado unas cotas de desverguenza inimaginables. Y si a esto unimos la casi segura desmantelación del Estado de Bienestar, no extraña en absoluto que las protestas acaben en revolución. Que cada cual asuma su responsabilidad y su lugar en la historia.
Mi intención era ahondar en el germen revolucionario (que lo es) del 15-M , pero estoy un poco cansado de aclarar lo que toda persona bien informada sabe ya de sobra: que esto ya no hay quién lo arregle y que estamos abocados a un más que necesario cambio de paradigma, por mucho que se empeñen en lo contrario toda esta panda de mediocres y fascinerosos que nos gobiernan desde el Dinero y la Política. No hay más que verlos cómo les sobra la democracia cuando de defender sus mezquinos intereses se trata.
En situaciones como esta, casi como profiláxis, es mejor apartar nuestra más que justificada indignación y buscar refugio momentáneo en lo que de belleza, aún queda de salvable en el ser humano. Como decía Judt, no siempre las cosas fueron así, no hace mucho valores como la belleza, el amor y la solidaridad eran tomados en serio y regían las relaciones interpersonales. Un retorno a la Etica de los valores buenos, se hace imprescindible.
De ese baúl de las cosas bellas, rescato una de las arias más hermosas que he escuchado. Pertenece a la ópera Rinaldo de Haendel. La puesta en escena es inmejorable. Esta es una de esas veces en que de verdad, sobran las palabras. O en las que sólo valen las palabras que a cada cual su corazón dicte.

domingo, 18 de septiembre de 2011

CULTURA

Perplejidad. Imposible encontrar otra palabra  que defina con mayor precisión el actual estado de gobernantes y ciudadanos ante el desmorone de un Sistema que parece tener ya los días contados. Si entendemos por perplejidad ese estado de duda y confusión que surge cuando no se sabe qué hacer ante lo inesperado, convendrán conmigo que lo observado hasta ahora se asemeja a una perplejidad perfecta. Perfecta en en sus orígenes, universal en sus consecuencias. Confuso me hallo, como ciudadano y ser humano, ante tanta mentira defendida sin sonrojo por quienes detentan el poder financiero y, lo que es más grave aún, secundada arteramente por políticos ganapanes de egoísmo fácil e infinita cobardía. Que no se haya podido reunir a " 35 hombres buenos" que dieran un paso al frente (un paso de dignidad) para someter a referéndum una cuestión tan vital como la reforma constitucional, coloca a nuestra clase política al borde, si no de lleno, en el libro de la infamia de mi admirado Jorge Luis Borges.
Con ser grave esto, no es ni mucho menos lo más importante. Sería mirar el dedo cuando alguien te muestra la luna. Creo que la verdad subyacente, es una verdad fácilmente reconocible en eso que llamamos Cultura. Entiendo por Cultura todo ese conjunto de normas, creencias, costumbres, manifestaciones artísticas o científicas que como herencia social nos valemos para solucionar problemas de adaptación social al medio o a a la vida en común. Asistimos, por desgracia, a una degradación de todo lo que de bueno tiene la Cultura. Por contra, afloran por doquier, el relativismo cultural, el nihilismo, la complacencia y un escaso respeto o la simple ignorancia de aquellos valores que nos unen como seres humanos tales como la solidaridad, la igualdad o el compromiso social. No es de extrañar que esto suceda, cuando llevamos décadas fomentando la competitividad, el individualismo o el egoísmo en todas sus vertientes. Y lo que ya resulta indecoroso ( aunque coherente para ellos) es que desde las instancias de poder se propugne una cultura de petimetres dormidos y montaraces. De alguien en la Comunidad de Madrid me estoy acordando.
Prueba de esta perversión de valores que ha provocado todo este desbarajuste, es que desde arriba se nos quiere hacer pasar lo bueno por malo y lo malo por bueno. Una mala poesía, siempre será una mala poesía por muchos premios que le den o porque su autor salga en todos los medios. Bueno es el sufrimiento que ennoblece, pero no el que envilece o cosifica, como el del vigoréxico en el gimnasio. Seguro que a poco que escarbéis, encontraréis ejemplos al respecto.
No es de extrañar, por tanto, que en esta debacle cultural y económica campen a sus anchas especuladores sin escrúpulos y defensores del salvese quién pueda. Pero no es menos cierto, que en época de crisis y grandes cambios, la humanidad ha dado muestras de incansable adaptabilidad. Que el mañana se convierta en un caos o en un futuro más humano y prometedor, depende de un cambio en las conciencias individuales que sumadas, aporten lo que la gente de bien está esperando. Para esto la gente se ha lanzado ya a la calle y necesita de esa multitud silenciosa que desde bambalinas aún no se atreve a salir, pero comparte la exigencia de un mundo mejor y más solidario.

Como complemento a esta entrada, añado un texto del gran maestro Antonio Machado sobre la Cultura. En muchos aspectos, aplicable a la realidad que hoy vivimos. Recomiendo su lectura, viniendo de quien nunca defrauda por su sabiduría.


                                             SOBRE LA DEFENSA Y LA DIFUSIÓN DE LA CULTURA


El poeta y el pueblo
Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil –era el tópico al uso de aquellos días– consagrado a una actividad aristocrática, en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta?, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto evasivas o ingenuas: «Escribir para el pueblo –decía mi maestro– ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos –claro está– de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, [12] escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, es escribir también para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España, Shakespeare, en Inglaterra, Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la más consciente y suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz de gay-saber, no creo haber pasado de folk-lorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular.»
cuando la contienda no había aún perdido su aspecto de mera guerra civil, yo escribí estas palabras que pretenMi respuesta era la de un español consciente de su hispanidad, que sabe, que necesita saber cómo en España casi todo lo grande es obra del pueblo o para el pueblo, cómo en España lo esencialmente aristocrático, en cierto modo, es lo popular. En los primeros meses de la guerra que hoy ensangrienta a España, den justificar mi fe democrática, mi creencia en la superioridad del pueblo sobre las clases privilegiadas.
Los milicianos de 1936
I
Después de puesta su vida
tantas veces por su ley
al tablero...
¿Por qué recuerdo yo esta frase de don Jorge Manrique, siempre que veo, hojeando diarios y revistas, los retratos de [13] nuestros milicianos? Tal vez será porque estos hombres, no precisamente soldados, sino pueblo en armas, tienen en sus rostros el grave ceño y la expresión concentrada o absorta en lo invisible de quienes, como dice el poeta, «ponen al tablero su vida por su ley», se juegan esa moneda única –si se pierde, no hay otra– por una causa hondamente sentida. La verdad es que todos estos milicianos parecen capitanes, tanto es el noble señorío de sus rostros.
II
Cuando una gran ciudad –como Madrid en estos días– vive una experiencia trágica, cambia totalmente de fisonomía, y en ella advertimos un extraño fenómeno, compensador de muchas amarguras: la súbita desaparición del señorito. Y no es que el señorito, como algunos piensan, huya o se esconda, sino que desaparece –literalmente–, se borra, lo borra la tragedia humana, lo borra el hombre. La verdad es que, como decía Juan de Mairena, no hay señoritos, sino más bien «señoritismo», una forma, entre varias, de hombría degradada, un estilo peculiar de no ser hombre, que puede observarse a veces en individuos de diversas clases sociales, y que nada tiene que ver con los cuellos planchados, las corbatas o el lustre de las botas.
III
Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso, en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y –digámoslo con orgullo– perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa [14] errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie –signos de clase, hábitos e indumentos– a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar –jesuíticamente– la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. «Nadie es más que nadie», reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y orgullo! Sí, «nadie es más que nadie» porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. «Nadie es más que nadie, porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.
IV
Cuando el Cid, el señor, por obra de una hombría que sus propios enemigos proclaman, se apercibe, en el viejo poema, a romper el cerco que los moros tienen puesto a Valencia, llama a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas Elvira y Sol, para que vean «cómo se gana el pan». Con tan divina modestia habla Rodrigo de sus propias hazañas. Es el mismo, empero, que sufre destierro por haberse erguido ante el rey Alfonso y exigídole, de hombre a hombre, que jure sobre los Evangelios no deber la corona al fratricidio. Y junto al Cid, gran señor de sí mismo, aparecen en la gesta inmortal aquellos dos infantes de Carrión, cobardes, vanidosos y vengativos; aquellos dos señoritos felones, estampas definitivas de una aristocracia encanallada. Alguien ha señalado, con certero tino, que el Poema [15] del Cid es la lucha entre una democracia naciente y una aristocracia declinante. Yo diría, mejor, entre la hombría castellana y el señoritismo leonés de aquella centuria.
V
No faltará quien piense que las sombras de los yernos del Cid acompañan hoy a los ejércitos facciosos y les aconsejan hazañas tan lamentables como aquella del «robledo de Corpes». No afirmaré yo tanto, porque no me gusta denigrar al adversario. Pero creo, con toda el alma, que la sombra de Rodrigo acompaña a nuestros heroicos milicianos y que en el Juicio de Dios que hoy, como entonces, tiene lugar a orillas del Tajo, triunfarán otra vez los mejores. O habrá que faltarle al respeto a la misma divinidad.
Madrid-Agosto 1936.
*
Entre españoles, lo esencial humano se encuentra con la mayor pureza y el más acusado relieve en el alma popular. Yo no sé si puede decirse lo mismo de otros países. Mi folk-lore no ha traspuesto las fronteras de mi patria. Pero me atrevo a asegurar que, en España, el prejuicio aristocrático, el de escribir exclusivamente para los mejores, pueda aceptarse y aun convertirse en norma literaria, sólo con esta advertencia: la aristocracia española está en el pueblo, escribiendo para el pueblo se escribe para los mejores. Si quisiéramos, piadosamente, no excluir del goce de una literatura popular a las llamadas clases altas, tendríamos que rebajar el nivel humano y la categoría estética de las obras que hizo suyas el pueblo y entreverarlas con frivolidades y pedanterías. De un modo más o menos consciente, es esto lo que muchas veces hicieron [16] nuestros clásicos. Todo cuanto hay de superfluo en El Quijote no proviene de concesiones hechas al gusto popular, o, como se decía entonces, a la necedad del vulgo, sino, por el contrario, a la perversión estética de la corte. Alguien ha dicho con frase desmesurada, inaceptable ad pedem litterae, pero con profundo sentido de verdad: en nuestra gran literatura casi todo lo que no es folk-lore es pedantería.
*
Pero dejando a un lado el aspecto español o, mejor, españolista de la cuestión, que se encierra a mi juicio, en este claro dilema: o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías, y volviendo al aspecto universal del problema, que es el de la difusión de la cultura, y el de su defensa, voy a leeros palabras de Juan de Mairena, un profesor apócrifo o hipotético, que proyectaba en nuestra patria una Escuela Popular de Sabiduría superior.
*
La cultura vista desde fuera, como la ven quienes nunca contribuyeron a crearla, puede aparecer como un caudal en numerario o mercancías, el cual, repartido entre muchos, entre los más, no es suficiente para enriquecer a nadie. La difusión de la cultura sería, para los que así piensan –si esto es pensar–, un despilfarro o dilapidación de la cultura, realmente lamentable. ¡Esto es tan lógico!... Pero es extraño que sean, a veces, los antimarxistas, que combaten la interpretación materialista de la historia, quienes expongan una concepción tan materialista de la difusión cultural.
En efecto, la cultura vista desde fuera, como si dijéramos desde la ignorancia o, también, desde la pedantería, puede aparecer como un tesoro cuya posesión y custodia sean el privilegio [17] de unos pocos; y el ansia de cultura que siente el pueblo, y que nosotros quisiéramos contribuir a aumentar en el pueblo, aparecería como la amenaza a un sagrado depósito. Pero nosotros, que vemos la cultura desde dentro, quiero decir desde el hombre mismo, no pensamos ni en el caudal, ni el tesoro, ni el despósito de la cultura, como en fondos o existencias que puedan acapararse, por un lado, o, por otro, repartirse a voleo, mucho menos que puedan ser entrados a saco por las turbas. Para nosotros, defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante. ¿Cómo? Despertando al dormido. Y mientras mayor sea el número de despiertos... Para mí –decía Juan de Mairena– sólo habría una razón atendible contra una gran difusión de la cultura –o tránsito de la cultura concentrada en un estrecho círculo de elegidos o privilegiados a otros ámbitos más extensos– si averiguásemos que el principio de Carnot, rige también pare esa clase de energía espiritual que despierta al durmiente. En ese caso, habríamos de proceder con sumo tiento; porque una excesiva difusión de la cultura implicaría, a fin de cuentas, una degradación de la misma que la hiciese prácticamente inútil. Pero nada hay averiguado, a mi juicio, sobre este particular. Nada serio podríamos oponer a una tesis contraria que, de acuerdo con la más acusada apariencia, afirmase la constante reversibilidad de la energía espiritual que produce la cultura. 
*
Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa que lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética: sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da. [18]
Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias. Y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ningún modo un fardo ingente para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que sólo el peso de la cultura pueda repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado espesos, necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán.








     

miércoles, 22 de junio de 2011

CRÓNICA DEL 19-J


Cuando surgieron las Acampadas de Sol y de Plaza Cataluña, pocos pudieron prever el verdadero alcance de este movimiento. Es más, los sesudos analistas (que casi siempre se equivocan por torpes o malintencionados) a lo máximo que llegaron es a predecir una disolución del mismo tras las elecciones municipales. Pero ya ven ustedes cómo están las cosas. Ni se han disuelto, ni han perdido fuerza sino todo lo contrario. Asombra comprobar cómo se ha ido consolidando el movimiento 15-M a una velocidad vertiginosa. Lo mismo que sus apoyos desde abajo, de ese pueblo irreductible como me gusta llamarlo. Y ha sido tan grande el impacto conseguido en tan poco tiempo, que parece que en lugar de un mes en la calle, llevan todo un año. Indicio más que suficiente para afirmar que en un mes el bebé ha crecido , para sorpresa de todos, con claros síntomas de hacerlo de forma cada vez más acelerada. Justo es destacar, que ha crecido cuantitativamente, pero también (y esto es muy importante) cualitativamente. Lo que empezó como un acto de rebeldía de la juventud, hoy conforma ya un amplio abanico de apoyo tanto desde las casas o en la misma calle, de gente tan variada como estudiantes, parados, amas de casa, profesionales de todo tipo y hasta jubilados. Unidos todos por una más que justificada indignación ante la prepotencia y ceguera de los políticos y la desverguenza de Bancos y de los Medios de Desinformación, hijos obedientes, cuando no parte activa, del llamado Sistema Financiero.
Como ya adelanté en mi anterior entrada, estuve en la manifestación del 19-J. La Prensa dice que no asistieron más de 12 mil. Los organizadores, que 25 mil. Digamos, que ahí habían 17 o 18 mil. Y con esto dejo el asunto zanjado. Siendo importante el número de manifestantes, más lo es lo que se reivindicaba. Porque ese es el meollo del asunto: si son o no justas sus reivindicaciones. El apoyo es contundente unos miles arriba o abajo. Y creo que lo que se pide, una limpieza a fondo de eso que llamamos Democracia, goza del beneplácito de cualquiera que posea el sentido más mínimo de la dignidad. Permítaseme decir, que en esto al menos el 80 por ciento estará de acuerdo conmigo. Lo que sin duda, legitima lo más valioso de este movimiento: que en sus peticiones, les asiste la razón ..... y un sentimiento que abarca el país entero.
Fijaos que estamos ante un acontecimiento realmente extraordinario: de cuarenta acampados, en un mes, se han convertido en casi un millón ocupando la calle. Difícil recordar algo parecido en nuestra historia democrática. Pero es que además, salvo los incidentes de Cataluña que nunca se sabrá si fueron provocados por infiltrados o descontrolados, se ha tomado la calle de una forma pacífica como seña de identidad de este movimiento. No se puede pedir más inteligencia emocional y de la otra a un grupo surgido casi de la nada, claramente horizontal y con diversas facciones que demuestran entre sí estar muy bien avenidas. Ante esto, no puedo más que alabar dicho comportamiento. Mientras continúen en esta línea, tendrán mi incondicional apoyo.
Y no son un grupo de perroflautas descerebrados ni antes, ni mucho menos ahora que el movimiento es cosa ya de todos los estratos sociales como pude comprobar in situ el día 19. Los he oído ahí y en sus asambleas. Se están creando en los barrios comisiones de economía, educación, lúdicas etc, con el propósito de formar e informar fomentando el sentido crítico y explicando el por qué se defiende esto y no lo otro. Democracia y cultura, hecha por el pueblo y para el pueblo. Por supuesto que es gente llena de dudas, que es un síntoma de inteligencia. Sólo los imbéciles y los necios no conocen la duda, como afirmó acertadamente Bernard Shaw. Puede que se refiriese a la clase polítíca donde abunda la estulticia y la miseria humana. Estulticia expresada en su máximo esplendor por aquellos Medios y Personas que se han dedicado a criticar sin fundamento y a insultar a los indignados. No hace falta citar nombres que ya todos los conocemos. Como dijo Machado y esto ya es suficiente respuesta que nada añadiré: "De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea". Pero a los que sí hay que citar es a aquellos personajes que con su aliento de valentía han dado su apoyo al 15-M: Eduardo Galeano, García Montero, Manuel Rivas, Eduardo Punset, Sampedro, Hessel, Serrat, Ismael Serrano .. y otros tantos quwe me perdonen no mencionarlos, pero que también se han significado. Su voz es tan importante como la de los anónimos indignados que ocupan y seguirán ocupando las calles.
Y ahora llegamos al territorio de la gran Mentira: que todo esto de la crisis no tiene otra solución que aumentar las miserias del pueblo para salvar los beneficios de los bancos, que es lo que se va a aprobar, si no se pone remedio, en el ya famoso Pacto del Euro. Vamos, que no hay plan B, como se jactan de decir con cinismo y desverguenza. Estos eruditos en economía no contentos con hundirnos, ahora nos quieren pisar la cabeza cuando esto se hunde para salir ellos a flote ... ¡cabe mayor desfachatez que esto! Pues no, señores. No. Hay plan B, c Y D SI HICIERA FALTA. Lo afirman otros catedráticos de economía y el mismísimo Krugman. Pero no. No nos engañemos. Aquí quien manda es el Dinero, representado por el Poder Financiero que es el que quita y pone a los gatos y los obliga a cambiar de color si es necesario a sus intereses. Y a explotar e idiotizar a los ratones , que para eso los mantienen en su puesto, para cumplir lo mandado. Pero para su desconcierto, los ratones se han cansado del hipnótico baile y pululan alegres por las calles en número cada vez mayor. Por eso están asustados ahora los gatos y sus jefes del Dinero. Los ratones se organizan y esto les da miedo. Además los necesitan como base de la pirámide para perpetuar su excecrable Sistema sustentado en el dolor y las lágrimas de los más débiles.
Sinceramente, no sé cuánto puede durar lo grandioso que tiene este soplo de aire fresco que supone identificarse con un pueblo cargado de razón, sentimiento e indignación. Todos sabemos que el Sistema cuenta con poderosos Medios para acabar reventando este magnífico sueño hecho realidad en que se ha convertido el 15-M. No soy profeta, ni mucho menos un adivino. Aunque mi impresión es que el recorrido es todavía muy largo. Y sobre todo, no nos impacientemos, que los logros acabarán llegando y caerán como fruta madura. En su tiempo y en su justa medida. Esto no ha hecho más que empezar. Un fuerte abrazo a todos los que como yo, se sienten pueblo y participan o simpatizan de corazón con los objetivos de este movimiento nacido de sus entrañas. Que se está luchando por lo que no existe, que lo que no es, pueda ser algún día. Porque de lo que ya existe, se ocupan con esmero los arriba denunciados que no quieren que nada cambie. Por eso se revuelven con saña, para conservar sus privilegios. No les dejemos. La razón y el sentimiento nos asisten.
No quiero terminar sin hacer mención a lo que quizás fue lo más hermoso del 19-J. Cuando volvíamos en el tren de la manifestación, algunos integrantes de mi grupo empezaron a cantar eso de "el pueblo unido, jamás será vencido". Casi sin darnos cuenta, poco a poco, el resto de los viajeros se fueron sumando a nuestro canto hasta formar un verdadero coro, que acabó por emocionarnos a todos los ahí presentes. Un momento mágico que guardaré celosamente en eso que llamamos alma, que nunca dejará de sorprenderse. Porque para eso estamos, para vivir la vida con intensidad y eternamente asombrados. Sacándole el jugo al compromiso que nos exige y a veces nos regala la vida.

sábado, 18 de junio de 2011

15-M Y AHORA EL 19-J

Llevo semanas intentando colgar una entrada que de verdad haga justicia a todo lo que está pasando con respecto a este movimiento. Mis ocupaciones y algún que otro asunto personal me lo han impedido. Ahora, nuevamente con prisa, hago un alto que me resulta del todo necesario. Si ya lo que está pasando es de por sí importante, más lo será todavía lo que está aún por llegar, mal que les pese al despiadado poder financiero que todo lo controla y a sus lacayos que no son otros que los políticos y Medios de Desinformación, que de costumbre,y en oprobio del pueblo, no hacen caso más que a la voz de su Amo. Ya lo creo que estoy indignado y esto del Pacto del Euro, silenciado por todos los Medios, es un auténtico atraco contra los más desfavorecidos. Para el que todavía no lo sepa, le invito a ver las páginas de Democraciarealya y Attac España. Lo explican con una claridad meridiana.
He estado en una asamblea de este movimiento y he podido constatar que todavía permanece vivo eso que hemos venido en llamar pueblo .. ¿te acuerdas, Ana? Pues sí, por debajo de las personas, de los nombres y de los llamados contribuyentes, qué alegría, aún persiste eso que es pueblo irreductible que ahora sopla como aire fresco por todas nuestras plazas y mañana también por gran parte de Europa; esa vieja Europa que hoy más que nunca pertenece a la Banca, al FMI y demás Firmas del Poder Financiero, que no contentos con llevarnos casi a la bancarrota con sus sucios jueguecitos, ahora pretenden, por nuestro bien, acabar con el estado de bienestar siendo nosotros los que acabemos pagando los platos rotos de su infamia.
Por esto y más cosas que seguro ya sabréis, os invito que hagáis un alto en vuestras vidas y acudáis a las manifestaciones que se han convocado en casi todas las capitales de provincia. Está en juego lo que hoy tenemos y de lo que quizás no quede después nada para nuestros hijos. Simplemente, no lo podemos permitir.
Yo el primero, mañana estaré con ese pueblo, que es el mío. La semana que viene contaré mi experiencia con los detalles oportunos. Asimismo, desde el sentido común, o sea desde la razón y el sentimiento, intentaré hacer un análisis más amplio de lo que para mí significa este movimiento del 15-M que ya empieza a ser vilipendiado por fascistas y contertulios vendidos al pesebre. Ya hay caretas que están cayendo, como las de la Otero y Savater por nombrar algunos. Y como esto va a perdurar, el desfile de caretas quitadas continuará.

Nos vemos, pues, la semana que viene.

miércoles, 20 de abril de 2011

EL DIFÍCIL ARTE DE ESCRIBIR



















Escribir, como tal, es una de las cosas más sencillas del mundo. Pero hacerlo bien y con estilo propio, una verdadera rareza. Y si además conseguimos atrapar al lector en ese mundo ficticio, entonces estamos ante una auténtica hazaña. Logro sólo al alcance de unos pocos privilegiados como García Márquez, Borges, Dostoievsky, Chéjov o Vargas Llosa. Sin olvidar a otros tantos como Cortázar y algunos que seguro rondan ahora por vuestras cabezas. Autores cuyas obras, son un verdadero homenaje a lo mejor que tiene el ser humano: su capacidad creativa y su innato sentido de la curiosidad.
Pienso que mantenernos emocional e intelectualmente en alerta creativa, debería ser una constante en nuestras vidas. Y se mira creativamente cuando aprendemos a de-construir nuestra habitual forma de ver las cosas.  Estoy recordando a Neruda describiendo una simple alcachofa como un guerrero de una manera magistral. O a Cortázar deleitándonos con su particular mirada de cómo se suben unas escaleras o se coloca uno un jersey. De lo aparente simple y harto repetido, de repente surge algo nuevo y a la vez bello que nos gusta y sorprende. Así ocurre cuando se mira distinto. Cuando la mirada es llevada en volandas por eso que llamamos imaginación. E imaginación, no es otra cosa que ver de otra manera.
Tanto si se trata de escribir, de pintar o de componer una obra musical, lo que es evidente es que estamos ante un acto creativo. Y la satisfacción que produce, un verdadero regalo para el espíritu.
Hace algún tiempo, viví  con intensidad inusitada una experiencia de este tipo. Durante cerca de dos años, dejé que el mundo de la escritura me absorbiera y de qué manera. Me decanté más por el cuento que por la novela, no sé muy bien por qué. Pero de lo que sí estoy seguro es que fue una de las etapas más satisfactorias de mi vida.  En cierto modo, podría decirse que aprendí a mirar de otra manera.
Hace unos años que no escribo nada. Pero tampoco dudo que volveré a hacerlo en el momento más insospechado. Y mi mayor logro ha sido aplicar esa nueva forma de mirar las cosas, a mi propia vida. Todavía ando en ello y creo que es una labor que acaba en el mismo instante en que acaba la misma vida.

El siguiente relato que viene a continuación, tómese como una muestra de ese período creativo del que os he hablado. Sin más pretensión que la de un diletante en esto del arte de escribir. Con que os entretenga un rato, me doy por satisfecho. 


     
                                                                   ASOMBRO

Algunos aldeanos dicen que no es más que una leyenda. Otros, la mayoría, que la historia es verídica. Ya saben, hablo de ese tipo de sucesos en los que la humilde gente de un pueblo difícilmente se pone de acuerdo. Así que será mejor que juzguen por ustedes mismos. Yo, todavía, no salgo de mi asombro.
Los supuestos hechos comienzan, allá por el año 1852, con el infausto nacimiento de un niño al que pusieron de nombre, Fortunato. Las desgracias del neonato empezaron justo ahí. La madre, quebrada por el dolor, murió en el parto. El padre, como era de prever, quedó desolado. Tanto, que a los dos días falleció de pena.
El pueblo entero acudió al entierro con franco desconsuelo, pero nadie quiso hacerse cargo del niño. Sin embargo, todos, sin excepción, fueron a verlo. La casa del huérfano se convirtió en un lugar de peregrinaje, donde hombres y mujeres contemplaban apenados al desdichado bebé. Hasta que uno de los vecinos creyó ver en él algo diabólico.
La subjetiva valoración corrió por el pueblo de boca en boca y a las dos horas ya se daba  por cierto que era el mismo demonio. Unos advertían  lo extraño que resultaba ese mechón de pelo en el cogote. Otros, alertaban sobre su gran tamaño. También hubo quien notó en el niño una leve deformación en sus pies, que le parecieron pezuñas. Incluso el párroco del pueblo llegó a ver en el infortunado, dos insinuantes  protuberancias encima de su desproporcionada cabeza. Y para abundar aún más en sus apreciaciones, muchos afirmaban que el pequeño Satanás había dado muerte a sus propios padres. Pero hubo un detalle que acabó por convencer a todos de su maléfica procedencia.
Como ya se ha dicho, ni uno solo de los vecinos quiso adoptar a Fortunato. Menos ahora, descubierto su maligno origen. Decidieron entonces, criarlo en su casa, arbitrando turnos para su cuidado. En uno de esos turnos, la vieja Rosalía se percató de que el niño no dormía. Diez horas estuvo junto a él, observándolo, y nunca se durmió. Al día siguiente, comentó el hecho, sin duda extraordinario, con las cuidadoras que le precedieron. Ninguna recordaba haber visto dormido a Fortunato. Esa noche, todas velaron el sueño del bebé, que nunca se produjo. Y así, cuatro noches seguidas en las que tampoco durmió. Cuando se supo esto, hasta el más incrédulo de los vecinos, si todavía quedaba uno, concluyó que lo que había en aquella casa, no podía ser otra cosa que un hijo del demonio.
Los días fueron pasando, hasta que Fortunato cumplió dos meses. Pero el pueblo andaba soliviantado. Una gran parte de sus habitantes abogaba por llevar el niño a la capital y dejarlo en una inclusa. Y alguno con métodos más expeditivos, propuso ahogarlo en el río. Hubo otro que aconsejó quemar la casa con el hijo de Belcebú dentro y vigilar el perímetro de la cabaña para evitar su posible fuga. La lógica y el espíritu cristiano de los aldeanos, apuntaron a la primera como la más seria de las opciones. Un grupo reducido de vecinos acudió al párroco con su propuesta. Éste la consideró acertada y pidió voluntarios para tan heroica gesta. Nadie de los allí presentes se ofreció. Y el cura, antes de que alguien lo comprometiese, alegó tener obligaciones de ineludible cumplimiento. Se acordó entregar una buena suma de dinero a quien se atreviera con  el traslado del pequeño Fortunato. Nada consiguieron. Un mes después, el niño seguía en su casa, en su cuna, devorando con sus grandes ojos negros la luz del día y los oscuros matices de la noche.
Hasta que una tarde, aconteció algo inesperadamente insólito. Atónitos, los lugareños pudieron contemplar cómo desde el sur, una gigantesca mancha de color negro se acercaba hacia el poblado. Surcaba el cielo y espesa, ocultaba el sol. Cuando se detuvo encima del pueblo, el temor se apoderó de sus habitantes. Miles y miles de cuervos revoloteaban y chillaban con ruido ensordecedor. Se repartieron en bandadas y precipitándose sobre los campos, arrasaron cosechas, árboles y cuanto encontraron a su paso. Todos  observaron  aterrados el pérfido festín. Los cuervos se reagruparon y dirigiéndose al este, ralentizaron  su vuelo justo encima de la cabaña de Fortunato. Descendieron con suavidad y escasos segundos después, la cubrieron en su totalidad con el azabache de sus cuerpos.
La gente se arremolinó en la plaza, espantada y en tumulto. Se oían maldiciones, gritos de guerra, abracadabrantes sortilegios. El párroco, encaramado en un banco, exhortó a sus fieles con un discurso improvisado, pero inequívoco. Los hombres corrieron a sus casas y regresaron armados. Pronto se formaron cuerpos de combate. Las tres primeras líneas las ocuparon aquellos que portaban armas de fuego. Las cuatro siguientes, intrépidos aldeanos provistos de hoces, palos y rastrillos. Y detrás de éstos, los que llevaban sólo piedras.
El cura pasó revista y situándose a la cabeza, ordenó a la tropa ponerse en marcha. En dos minutos llegaron al final del pueblo. Desde ahí, divisaron como a unos doscientos metros, arriba de un montículo, la casa del bebé, custodiada por un ejército de cuervos. Cada cual apretó lo que llevaba entre sus manos. El párroco su cruz y los supersticiosos sus ristras de ajo. Ya sólo les quedaba subir la pendiente, y escenificar un nuevo episodio de esa ancestral lucha entre el Bien y el Mal. Respiraron hondo e iniciaron el ascenso.
Mientras subían, los cuervos, inquietos, parecían formar escuadrones. Faltaban unos veinte metros para llegar a la cabaña, cuando las fuerzas del Bien se detuvieron. Los que las tenían, apuntaron con sus armas y abrieron fuego, ora hacia la casa, ora hacia el cielo. Atemorizados por los continuos estampidos, los oscuros pájaros se alborotaron. Cinco de ellos atacaron, los cinco fueron abatidos de certeros disparos. Los cuervos se juntaron y escalonadamente, empezaron la retirada. Al ver esto, los asaltantes se enardecieron y en masa, corrieron hacia la cabaña. Cientos de pájaros perecieron por acción de las balas, piedras y contundentes golpes de palos, rastrillos y azadones. La victoria fue total. Pero aún debían concluir su tarea. Con la ayuda de unas antorchas, rodearon la casa  y   la   incendiaron.
Cuando todo terminó, los vecinos se acercaron con sigilo a las ruinas, que todavía humeaban. Pero su sorpresa fue mayúscula. Por más que removieron los escombros, nunca encontraron el cadáver del pequeño Fortunato.

Han pasado sesenta años desde que aquello ocurrió. Delante de mí, una venerable anciana que dice haber presenciado la inmolación, me asegura que el cuerpecito del niño se consumió por completo. Otro testigo, sin embargo, afirma que vio cómo los cuervos se lo llevaban antes del incendio. Me contó también que los campos tardaron décadas en dar nuevos frutos.

Sólo añadiré una cosa más. Me llamo Edilberto Ramos y soy adoptado. Aunque mi verdadero nombre es Fortunato Marín. Y en mi memoria perdurará por siempre, una amorosa gratitud hacia Rosalía.

Comprenderán ahora, por qué sigo asombrado.